8 situaciones en las que la Biblia fomenta el discernimiento antes de ayudar a los demás

Ayudar a los demás siempre ha sido fundamental en la vida cristiana. Muchas personas, especialmente en la vejez, sienten la profunda responsabilidad de tender una mano, ofrecer apoyo o intervenir cuando alguien tiene dificultades. Durante décadas, es posible que hayas sido la persona en la que otros confiaban: familiares, amigos, miembros de la iglesia, vecinos. Decir que sí a menudo parecía la respuesta correcta y fiel.

Sin embargo, las Escrituras ofrecen una verdad más sutil y sabia que a veces se pasa por alto. No toda petición de ayuda debe responderse con acciones. No todo acto de ayuda conduce a la sanación. Y no toda "buena intención" se alinea con la guía de Dios.

La Biblia enseña que el amor no solo es generoso, sino también perspicaz. La verdadera fe no se rige por la culpa, la presión ni los impulsos emocionales. Se guía por la sabiduría, la responsabilidad y una clara comprensión de los límites. En algunas situaciones, dar un paso atrás no es una falta de compasión, sino un acto de obediencia y madurez espiritual.

A continuación, se presentan ocho situaciones en las que la Biblia anima a reflexionar cuidadosamente antes de ofrecer ayuda. Estas no son razones para endurecer el corazón. Son recordatorios de que el amor genuino busca lo correcto, no solo lo que se siente bien en el momento.

Ayudar no es lo mismo que salvar
Una verdad importante que las Escrituras dejan clara es que no estamos destinados a rescatar a todos. Dios no nos pide que asumamos un papel que solo le pertenece a Él. Cuando intentamos arreglar, rescatar o ayudar a otros de maneras que no deberíamos, podemos causarles daño involuntariamente, tanto a ellos como a nosotros mismos.

 

 

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