A las 2 de la madrugada, mientras me alojaba en casa de mi hermana con mi hijo de cuatro años, mi marido me llamó de repente.-tramly

—¿Estás bien? ¿Pasó algo?

—No… no estoy seguro —respondió—. Pero creo que tienes que venir a casa. Ahora.

Una corriente fría recorrió mi espalda.

—Estoy con el niño. No puedo salir a esta hora sin saber qué ocurre. ¿Qué está pasando?

Otra pausa. Luego, apenas audiblemente:

—No estoy solo.

Mi corazón se detuvo.

—¿Cómo que no estás solo? ¿Quién está ahí? —pregunté, mirando instintivamente la puerta del cuarto, aunque estaba a kilómetros de distancia.

Él tragó saliva. Pude escucharlo.

—No lo sé —susurró—. No sé quién es… ni cómo ha entrado.

A las 2 de la madrugada, mientras me alojaba en casa de mi hermana con mi hijo de cuatro años, mi marido me llamó de repente.
El sonido del teléfono resonó en la habitación oscura, rompiendo el silencio pesado de la madrugada. Me incorporé lentamente, intentando no despertar a mi hijo que dormía profundamente a mi lado.

Al ver su nombre en la pantalla, sentí un vuelco en el estómago. No era propio de él llamar a esas horas.

—¿Qué pasa? —susurré, intentando que mi voz no revelara la inquietud que me invadía.

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