A los 60 años, una multimillonaria se hizo pasar por una mujer de limpieza sencilla… y así salió a la luz la maldad dentro de su empresa
—No pierda tiempo con la de limpieza, señor.
Diego retiró el brazo con firmeza.
—Esta gente hace que su escritorio esté limpio cada mañana. Respeto, por favor.
Dentro de Elena nació una sonrisa silenciosa. Su hijo tenía corazón.
Pero también vio la mirada de odio de Anita y Linda. Y supo que la guerra acababa de comenzar.
Al día siguiente, el veneno se hizo explícito.
—Vieja, no te creas importante solo porque el jefe te defendió —siseó Anita—. Te voy a hacer la vida imposible.
Elena calló. Observó. Escuchó.
En el comedor, compartió mole con Ximena. La joven habló con la voz temblorosa de quien nunca ha tenido atajos.
—Mi mamá lava ajeno para pagarme la universidad. Sueño con diseñar casas sustentables para gente humilde.
Diego apareció de sorpresa y se sentó con ellas. Habló de trabajo, de ideas, y notó la honestidad de Ximena. Anita entró, vio la escena y palideció. No por celos… sino por miedo.
Esa tarde, Elena escuchó a Anita en el baño, hablando por teléfono.
—Mi primo Esteban, el de sistemas, va a meter dos millones de pesos en la cuenta de Ximena. La hundimos.
Elena no intervino. A veces la traición necesita completarse para quedar al descubierto.
A la mañana siguiente, a las 9:15, agentes de fiscalía entraron al piso quince. Arrestaron a Ximena por fraude. Dos millones aparecían transferidos desde su terminal.
¿Ximena realmente traicionó a la empresa…
o alguien movió las piezas desde las sombras?
La verdad estalla en la Parte 2.

—¡Es una trampa! ¡Soy inocente! —gritó la joven entre lágrimas.
Diego llegó justo a tiempo para ver cómo se la llevaban. Anita fingió horror.
—Nos engañó a todos…
Diego, confundido y herido, permitió que se la llevaran.
Esa noche, Elena pagó la fianza de manera anónima y escondió a Ximena en una casa discreta. Luego, aún disfrazada, habló con su hijo.
—Patrón… el que roba no deja un rastro tan burdo. Pregúntese quién gana con la caída de esa muchacha.
La duda germinó.
Días después, Elena encontró una grabadora en la oficina de Anita. La confesión era clara: Anita y Esteban planeando el fraude. Linda los cubría. Diego escuchó todo. Su furia no fue un grito… fue hielo.
—Mañana, en la gala, todo saldrá a la luz.
Esa noche, Elena transformó a Ximena. No en princesa, sino en mujer segura de su valor.
En la gala, Elena entró como lo que siempre fue: la dueña. A su lado, Ximena. Anita y Linda se congelaron.
Diego subió al podio. La pantalla mostró los videos, la grabación sonó, la verdad cayó como martillo. Anita gritó, negó, suplicó. No sirvió.
Guardias las escoltaron fuera.
Diego se arrodilló frente a Ximena.
—Perdóname. Fui ciego.
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