A punto de dar a luz, la esposa fue sola a comprar cosas para el bebé, sin imaginar que se encontraría a su marido llevando a su amante al mercado. Un solo mensaje suyo dejó al hombre paralizado en el lugar…

Ese día, el cielo de la Ciudad de México estaba nublado, fresco, con una llovizna ligera. Xóchitl, embarazada de ocho meses, se colocó con cuidado un rebozo sobre los hombros y salió con su bolso hacia el mercado de La Merced. Su marido, Santiago, le había dicho que esa mañana tenía una junta urgente, así que salió temprano. Ella no pensó demasiado en ello, solo sintió un poco de tristeza porque, aunque estaba a punto de dar a luz, aún tenía que ir sola a comprar cada pañal, cada toalla y la leche para su bebé.

El mercado era un hervidero, abarrotado de gente. Xóchitl tuvo que caminar muy despacio para mantener el equilibrio con su gran vientre. Justo después de elegir algunos artículos para el recién nacido y a punto de irse, escuchó una voz que le resultaba familiar. Muy familiar. Era la voz de su marido.

Al volverse, Xóchitl se quedó helada.

 

 

 

 

 

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