Bañé a mi suegro paralítico a espaldas de mi marido… y al descubrir una marca en su cuerpo, caí de rodillas mientras se revelaba el secreto de mi pasado.
Corrió a la habitación de su suegro.
Al abrir la puerta, el olor la golpeó de inmediato.
Don Rafael estaba sucio, incómodo y visiblemente angustiado.
Sus ojos la miraban desesperados, implorando ayuda.
—Dios mío… —susurró Lucía entre lágrimas—. No puedo dejarlo así…
Sabía que Daniel se enojaría, pero decidió actuar con el corazón.
Preparó agua tibia.
Toallas limpias.
Ropa limpia.
Se acercó a él con dulzura.
—No se preocupe, señor… Estoy aquí. Nadie debería pasar por esto solo.
Con manos temblorosas, comenzó a ayudarlo.
Lo limpió con cuidado, con respeto, con ternura.
Pero cuando tuvo que quitarle la camisa para limpiarle la espalda…
Lucía se quedó paralizada.
El mundo se quedó en silencio.
Porque en el hombro de Don Rafael…
entre las profundas cicatrices…
había algo que jamás olvidaría.
Un tatuaje.
Un águila sosteniendo una rosa.
Su cuerpo empezó a temblar.
Porque ese tatuaje había vivido en su memoria desde que tenía siete años.
FLASHBACK – 20 AÑOS ANTES
El orfanato donde vivía Lucía estaba en llamas.
Gritos.
Humo.
Llamas por todas partes.
La pequeña Lucía estaba atrapada.
— ¡Ayuda! ¡Por favor!
De repente, un hombre corrió entre las llamas.
Ella no lo reconoció.
La envolvió en una manta mojada y la abrazó con fuerza.
— ¡No me sueltes, pequeña!, gritó el hombre.
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