Cuando fallece un ser querido, su espíritu permanece cerca: así se despiden
El duelo no es un problema que se pueda resolver ni una enfermedad que se pueda curar. Es una respuesta natural a la pérdida y se desarrolla a su propio ritmo. Algunos días serán más difíciles que otros. Algunos momentos te abrumarán de tristeza incluso meses o años después de la muerte. Esto es normal, sano y humano.
Permítete sentir lo que sientas sin juzgarte. Si necesitas llorar, llora. Si necesitas enojarte, enójate. Si necesitas reírte de un recuerdo gracioso, ríete. Tus emociones son válidas, sean las que sean.
Cuando experimentes sueños, sentimientos o señales que parezcan provenir de tu ser querido fallecido, acéptalos sin miedo ni obsesión. No descartes estas experiencias como mera imaginación, pero tampoco te obsesiones tanto con recibir señales que no puedas concentrarte en nada más.
El enfoque más saludable es un camino intermedio: permanecer abierto a la comunicación espiritual cuando ocurre de forma natural, mientras continúas comprometido con tu vida diaria y tus responsabilidades. Si sueñas con tu ser querido, aprecia el sueño por lo que sintió: una visita, un mensaje, un momento de conexión. Deja que te reconforte. Pero no te quedes despierto todas las noches intentando desesperadamente forzar otro sueño.
Hablar directamente con tu ser querido fallecido puede ser de gran ayuda.
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