En otras palabras: ¿estaban explotando la discapacidad para lograr algún tipo de comportamiento emocional enfermizo? O peor aún, ¿estaban orquestando "milagros" para ganar influencia sobre un hombre adinerado?
La opinión pública se dividió al instante en bandos enfrentados.
Un bando gritó: "El padre es un monstruo. ¿Cámaras ocultas en los niños? Eso es abuso". Lo llamaron un maniático del control, un multimillonario paranoico que cree que la privacidad es para los pobres.
El otro bando gritó: "Hizo lo que cualquier padre haría si tuviera los medios". Argumentaron que si tu hijo no puede hablar, la vigilancia es protección, no crueldad.Pero entonces entró en la conversación un tercer grupo: personas que hicieron que el debate fuera realmente explosivo: defensores de la discapacidad, expertos médicos y antiguos cuidadores que afirmaban reconocer las señales.
Dijeron que los niños podrían haber estado "encerrados", una condición en la que la parálisis oculta una mente funcional y los pequeños movimientos se convierten en la única forma de comunicarse.
Si eso era cierto, entonces las cámaras del multimillonario no exponían una conspiración de cuidadores.Expusieron un fallo médico.O algo peor.La acusación que sacudió internet fue simple y aterradora: ¿Y si los trillizos hubieran sido diagnosticados erróneamente a propósito para beneficiar a alguien?La gente empezó a atar cabos.
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