El huevo es uno de los alimentos más completos que existen: aporta proteínas de excelente calidad, vitaminas esenciales, minerales y una sensación de saciedad que pocos alimentos pueden igualar. Por eso es una opción tan popular para desayunar o romper un ayuno. Sin embargo, ciertos hábitos en su consumo y almacenamiento pueden disminuir sus nutrientes, promover el crecimiento bacteriano e incluso causar inflamación.
Afortunadamente, con simples ajustes, es posible maximizar sus beneficios y reducir los riesgos. Aquí encontrarás consejos prácticos para identificar si un huevo está fresco, cómo almacenarlo correctamente, por qué no es recomendable comerlo crudo y también una receta de mayonesa casera segura y deliciosa.
¿Cómo saber si un huevo está fresco?
Hay un truco muy sencillo:
Llena un vaso con agua.
Mete el huevo.
Si se hunde y queda horizontal, es un huevo fresco.
Si flota, es un huevo viejo. En ese caso, es mejor usarlo lo antes posible o desecharlo.
Esta prueba funciona porque, con el tiempo, el contenido del huevo pierde humedad y el espacio interno se llena de aire, lo que hace que flote.
¿Por qué nunca se debe lavar un huevo antes de guardarlo?
Aunque parezca lógico, lavar un huevo puede ser perjudicial.
La cáscara tiene una capa protectora natural que impide la entrada de bacterias. Al ser porosa, si se lava, esta protección desaparece y los microorganismos pueden penetrar fácilmente.
Mejor opción:
Guárdalos tal cual, sin lavarlos, y siempre en el refrigerador.
Además, evita colocarlos en la puerta del refrigerador: abrir y cerrar constantemente provoca cambios de temperatura y humedad, deteriora la cáscara y acelera el envejecimiento.
El peligro de los huevos crudos
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