Desaparecida durante 14 años: su hermano menor encuentra su ropa interior debajo del colchón de su abuelo.

Ese silencio fue peor.

Se acercó un poco más, con la mano temblorosa, apenas atreviéndose a tocar el aire.
—Es de Melissa —susurró—. La hice con ella…

Gabriel cerró los ojos. Catorce años de ausencia, sillas vacías, preguntas sin respuesta: todo se hizo añicos de repente.

La búsqueda se prolongó hasta altas horas de la noche. La habitación parecía normal —crucifijo, reloj antiguo, muebles pesados—, pero ya nada se sentía normal. Todo estaba envuelto en un halo de misterio.

Alrededor de las once, encontraron algo más.

No estaba escondido tras las paredes, sino dentro de una funda de almohada en el armario: un cuaderno desgastado con fecha de 1989.

Renata lo hojeó en la cocina mientras todos esperaban. Su expresión cambió, no a sorpresa, sino a algo más sombrío.

“Nadie sale de casa”, dijo. “Y necesito una orden judicial para abrir el cobertizo”.

—¿El cobertizo? —preguntó Marco.

“El cuaderno lo menciona. Y… menciona a Melissa.”

Lucía emitió un sonido entrecortado. Gabriel sintió un nudo en el estómago.

A la una de la madrugada, los agentes ya estaban en el patio. El cobertizo, antes común y corriente, lleno de herramientas, de repente parecía diferente. La cerradura se rompió enseguida. Dentro, todo parecía normal… hasta que descubrieron una trampilla oculta bajo una pila de tablas.

Renata se arrodilló.

 

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