Después de transferir el título de la casa a su hijo, el padre fue inmediatamente expulsado — sin que él supiera que llevaba consigo 10 mil millones…

Curiosamente, nunca tocó ese libro de ahorros de 10 mil millones. Vivía una vida sencilla, como siempre. Para los forasteros, parecía un anciano pobre y triste — pero en su interior llevaba un secreto que nadie conocía.

En incontables noches sin dormir, el señor Lâm a menudo se preguntaba:
— “Si mi hijo supiera que todavía tengo dinero, ¿me trataría diferente? ¿O solo me vería como un bolso?”

No culpaba a la vida, ni se apresuraba a culpar a su hijo. Entendía que los tiempos cambian, y también el corazón de las personas. Pero creía que algún día la verdad saldría a la luz — y solo entonces sabría quién realmente lo amaba y quién solo lo veía como una carga.

 

 

Un día, visitó a un viejo amigo — el señor Thành, un antiguo colega cercano. Después de escuchar la historia, Thành se enojó y se entristeció:
— “Hiciste bien en esconder ese dinero. No se lo digas. Cuando llegue el momento, úsalo para vivir cómodamente. No sufras más.”

El señor Lâm mostró una sonrisa débil y amarga, aunque sus ojos tenían determinación. Tal vez comenzaba a darse cuenta de que en la vejez, uno no debe confiar ciegamente en nadie — ni siquiera en sus propios hijos.

Pasó el tiempo, y la noticia sobre la situación del señor Lâm se extendió por todo el pueblo. Algunos sintieron lástima por él, otros lo criticaron:
— “Es un tonto, le transfirió todo a su hijo.”
— “Los viejos confían fácilmente, y la traición siempre les deja dañados.”

 

 

 

 

ver continúa en la página siguiente