“Dos minutos… y todo cambió para siempre”

No más.

Pero cuando regresé… supe que algo estaba mal antes incluso de entrar.

La puerta estaba entreabierta.

Yo estaba segura de haberla cerrado.

Entré despacio.

—¿Cariño?

Ella estaba despierta.

Pero no era una mirada normal.

Estaba rígida.

Sus ojos abiertos de par en par, clavados en la puerta.

Y su cuerpo… temblaba.

No lloraba como lo hacen los niños. No hacía ruido.

Solo lágrimas silenciosas cayendo sin parar, empapando la almohada.

Corrí hacia ella.

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