El bebé lloró durante tres días seguidos y apenas durmió. Los médicos insistieron en que solo eran cólicos y le recetaron medicamentos, pero el llanto no cesó. 😢
Todo cambió cuando el padre notó accidentalmente un detalle extraño en la pierna del bebé. Ahora advierte a otros padres que sean más atentos y no ignoren estas nimiedades. 🫣😱
La pareja siempre había sido meticulosa y planeaba todo con antelación. Cuando supieron que estaban esperando un bebé, comenzaron a prepararse de inmediato. Leyeron libros, hicieron cursos y compraron siguiendo listas. Taparon los enchufes del apartamento, sellaron las esquinas y retiraron todo lo innecesario. Pensaron que así podrían proteger al bebé de cualquier problema.
El bebé nació tranquilo. Dormía bien, lloraba poco y se tranquilizaba rápidamente. Los primeros meses transcurrieron sin ninguna dificultad particular. Los padres se adaptaron al nuevo ritmo y empezaron a creer que simplemente habían tenido suerte.
Pero una noche, todo cambió.
Al principio, el bebé empezó a gemir en silencio. Después de unas horas, el llanto se hizo más fuerte y, al anochecer, se había convertido en un grito continuo. No se calmaba, ni en brazos ni en la cuna. Tenía el cuerpo tenso, la cara enrojecida y respiraba con dificultad.
El padre llevaba al niño por la habitación, intentando mecerlo. La madre intentó todo lo que se le ocurrió. Lo alimentaron, le cambiaron el pañal y lo abrigaron bien. El apartamento estaba cálido, pero el llanto no cesaba.
Al anochecer, los padres acudieron a urgencias. Los médicos examinaron al niño, le tomaron las constantes vitales y dijeron que se trataba de un cólico común, común en los bebés. Recomendaron masajes y gotas para los ojos, y lo enviaron a casa.
Los padres creyeron a los médicos.
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