El CJNG interrumpió una boda para secuestrar al novio… pero no sabían que la novia escondía un secreto mortal bajo su vestido.

El CJNG interrumpió una boda para secuestrar al novio… pero no sabían que la novia escondía un secreto mortal bajo su vestido.

A las 8:47 p.m. del sábado 23 de septiembre, en el jardín de eventos “Las Jacarandas” de Tonalá, Jalisco, siete hombres armados del CJNG irrumpieron en la boda de Daniela Ochoa y Miguel Ángel Ruiz frente a 218 invitados.

—¡Miguel Ángel Ruiz, sabemos que estás aquí! ¡Sales con nosotros o tu familia paga! —gritó el líder mientras sus hombres bloqueaban todas las salidas.

Miguel, el novio de 29 años con traje gris, estaba en medio de su primer baile con su esposa cuando lo rodearon. Pero cuando la novia, Daniela, de 27 años, en un vestido blanco impecable, se quitó lentamente su velo y caminó hacia el líder con una expresión que no era miedo, sino algo mucho más peligroso, dijo con voz helada:

—No sé quién te mandó, pero cometiste el error más grande de tu vida. ¿Sabes quién soy yo?

El líder se rió.

—¿Una novia asustada?

Daniela sonrió sin humor.

—Soy la agente especial Daniela Ochoa Mendoza, de la Fiscalía General de la República. Y esta boda es una operación encubierta. Acabas de caminar voluntariamente a la trampa más perfecta del año.

En los siguientes diecinueve minutos, lo que parecía la boda del año se reveló como una operación de inteligencia planeada durante ocho meses. Miguel Ángel Ruiz no era un empresario inocente; era un testigo protegido clave contra el CJNG, y su boda era el cebo perfecto para capturar una célula completa de la organización.

El jardín de eventos “Las Jacarandas” estaba decorado como un sueño: 3,000 rosas blancas, luces de hadas colgando de árboles centenarios, mesas con manteles de seda, centros de mesa con velas flotantes. Presupuesto visible: 800,000 pesos. Todo gritaba “boda de clase alta”.

La novia, Daniela, era deslumbrante. Vestido original de Vera Wang, maquillaje impecable, cabello en chongo elegante con tiara de cristales Swarovski. Parecía una princesa de cuento. Miguel Ángel, guapo y nervioso como todo novio, vestía traje Tom Ford gris, corbata de seda, zapatos italianos brillantes.

Los 218 invitados eran un grupo diverso: familia, amigos, compañeros de trabajo, todos vestidos formalmente; niños corriendo entre mesas, abuelas llorando de felicidad, primos brindando con tequila. La ceremonia había sido a las 6:00 p.m., oficiada por el padre Ramírez, sacerdote real de la parroquia local. Votos emotivos. Daniela lloró. Miguel también. Todos los presentes fueron testigos del amor verdadero.

Pero había detalles que nadie notó.

Detalle uno: de los 218 invitados, 67 mantenían una postura demasiado rígida, estilo militar, escaneando constantemente entradas y salidas.

Detalle dos: el fotógrafo profesional llevaba un lente de 120,000 pesos, demasiado caro para una boda de clase media alta. Su asistente tenía un bulto sospechoso bajo el saco: una radio táctica.

Detalle tres: los meseros. Todos con el mismo corte de cabello corto, mismos zapatos negros, mismo reloj Casio. Uniforme… demasiado uniforme.

Detalle cuatro: la banda “Los Reyes del Norte” llevaba instrumentos reales, pero también maletines demasiado pesados para solo partituras.

Detalle cinco: Daniela, aunque lloraba emocionalmente, nunca perdió conciencia completa de su entorno. Sus ojos escaneaban constantemente, su postura cambiaba ligeramente cuando alguien nuevo entraba.

A las 8:30 p.m., el DJ anunció:

 

 

 

 

 

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