El duelo afecta a cada persona de forma diferente. Algunos lo describen como olas que te azotan cuando menos lo esperas. Para otros, es como adentrarse en la oscuridad y perder una escalera que creías estar ahí.
Para Emerald, perder a su abuela Catherine no fue solo una despedida de la familia. Fue perder su ancla, su refugio, la persona que la hacía sentir querida sin medida.
De pie junto a ese ataúd la semana pasada, sintió como si intentara respirar con solo la mitad de sus pulmones.
El último adiós de una abuela querida
La suave iluminación de la funeraria proyectaba sombras suaves sobre el rostro sereno de Catherine. Su cabello plateado estaba peinado exactamente como siempre le había gustado, perfectamente recogido.
Su collar de perlas favorito descansaba sobre su clavícula, tal como ella hubiera deseado. Todo parecía cuidadosamente dispuesto para honrar a la mujer que había marcado tantas vidas.
Mientras Emerald pasaba los dedos por la madera pulida del ataúd, los recuerdos la inundaron. Hacía apenas un mes, estaban juntas en la cocina de Catherine, tomando té y riendo.
Catherine le había estado enseñando el secreto de esas famosas galletas de azúcar que horneaba durante décadas. Ahora, esos momentos parecían imposiblemente lejanos, robados demasiado pronto por un repentino infarto.
"Emerald, cariño, ahora te está cuidando", dijo la Sra. Anderson en voz baja. La anciana vecina apoyó su mano arrugada sobre el hombro de Emerald, con los ojos enrojecidos tras las gafas.
"Tu abuela no paraba de hablar de su preciosa niña".
Emerald se secó una lágrima. "¿Te acuerdas de sus pasteles de manzana? Toda la calle sabía que era domingo solo por ese olor que se extendía por el barrio".
Recuerdos de tiempos más felices
"¡Ay, esos pasteles!" El rostro de la Sra. Anderson se iluminó a pesar de su dolor. Te enviaba con rebanadas, radiante de orgullo. 'Emerald me ayudó con esto', decía. 'Tiene el toque perfecto con la canela'.
"Intenté hacer una la semana pasada", confesó Emerald con la voz quebrada. "No sabía bien. Casi la llamé para preguntarle qué había hecho mal, y entonces lo recordé".
El infarto. La ambulancia. La terrible llamada que lo cambió todo.
"Ay, cariño". La Sra. Anderson la abrazó fuerte. "Sabía cuánto la querías. Eso es lo que más importa. Mira a tu alrededor: significaba mucho para tanta gente".
La funeraria estaba llena de amigos y vecinos, todos murmurando sus propios recuerdos de Catherine. Entonces Emerald vio a su madre, Victoria, apartada del resto.
Estaba mirando su teléfono. No había llorado ni una sola vez en todo el día.
Un momento sospechoso
Mientras la Sra. Anderson seguía compartiendo recuerdos, Emerald notó que su madre se acercaba al ataúd. Victoria miró a su alrededor con cautela, como si comprobara quién la observaba.
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