El descubrimiento funerario que lo cambió todo: La verdad de una nieta
Entonces se inclinó y metió algo dentro del ataúd: un pequeño paquete envuelto en tela.
Cuando se incorporó de nuevo, sus ojos recorrieron la habitación con nerviosismo antes de alejarse. Sus tacones resonaron suavemente contra el suelo de madera; el sonido, de alguna manera, era ominoso.
"¿Viste eso?", susurró Emerald, con el pulso acelerado de repente.
"¿Ver qué, querida?", preguntó la Sra. Anderson.
"Mi mamá solo...", Emerald se quedó callada al ver a Victoria desaparecer en el baño. "No importa. Quizás sea solo el dolor lo que me hace imaginar cosas".
Pero una profunda inquietud se apoderó de su pecho. Mamá y abuela apenas se habían hablado en años; todos en la familia sabían de su tensa relación.
Y no había razón para que la abuela pidiera que le pusieran algo en el ataúd sin decírselo a Emerald, su confidente más cercana.
Algo no andaba bien.
La decisión de investigar
Al caer la noche y retirarse los últimos dolientes, el aroma a lirios y rosas impregnaba el aire. Victoria se había marchado antes, alegando migraña.
Pero su extraño comportamiento le carcomía la mente a Emerald.
"¿Señora Emerald?" El director de la funeraria, el Sr. Peters, se acercó con dulzura. Su rostro amable le recordó a su abuelo, a quien habían perdido cinco años atrás.
"Tómese el tiempo que necesite. Estaré en mi oficina si necesita algo".
"Gracias, Sr. Peters".
Cuando sus pasos se desvanecieron por el pasillo, Emerald regresó al ataúd. La habitación se sentía más pesada ahora, como si albergara secretos suspendidos en el denso silencio.
Su corazón resonó con fuerza en la quietud. Se acercó y notó algo, justo debajo del pliegue del vestido azul favorito de la abuela, el que había usado para la graduación de Emerald.
Asomó la esquina de algo envuelto en tela azul.
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