Nunca voy a olvidar el olor de aquel día, porque hay olores que se quedan pegados al alma para siempre. Olía a tierra mojada por la lluvia de la madrugada, a flores de cempasúchil ya marchitas y a café viejo, recalentado una y otra vez, de ese que sirven en la fondita frente a la funeraria del pueblo. El entierro de Antonio fue un sábado por la mañana, en un pueblito perdido de la sierra de Oaxaca, donde las campanas de la iglesia suenan igual para una boda que para una desgracia. El cielo estaba tan bajo y tan gris que parecía que iba a desplomarse sobre nosotros, como si hasta Dios estuviera cansado de mirar lo que pasaba ahí abajo.
Yo estaba parada frente a la fosa, vestida completamente de negro, con un vestido prestado por la vecina porque el mío ya no me cerraba después del embarazo. No tenía ni un peso para comprar algo decente. En brazos cargaba a Mateo, mi bebé de apenas seis meses, envuelto en una cobijita delgada que ya había pasado por demasiadas manos. Con la otra mano apretaba la manita fría y sudorosa de Lucía, mi niña de cuatro años, que no dejaba de mirar el ataúd como si esperara que, de un momento a otro, su papá se levantara y saliera caminando, como siempre lo hacía cuando regresaba del campo.
De pronto, con esa inocencia que duele más que cualquier golpe, Lucía me jaló del vestido y me preguntó en voz bajita, casi con miedo:
—Mamá… ¿mi papá va a regresar cuando tapen el hoyo?
Sentí que algo se me rompía por dentro. Abrí la boca para contestarle, pero no salió ningún sonido. Tenía un nudo atravesado en la garganta y los ojos secos, no porque no quisiera llorar, sino porque el miedo ya se había bebido todas mis lágrimas antes. La abracé fuerte, como si así pudiera protegerla de una verdad que ni yo misma entendía todavía.
Antonio había muerto de repente. Un accidente en el campo, dijeron. Nadie quiso dar muchos detalles. En el pueblo, cuando la muerte llega, se acepta y se guarda silencio, sobre todo cuando conviene a ciertos intereses. Yo apenas había tenido tiempo de entender que me había quedado sola, con dos hijos chiquitos y sin nada que realmente fuera mío.
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
