«El dinero no es gran cosa, pero quiero que mis hijos vivan con rectitud y en armonía. No entristezcan mi alma en el más allá».
Mi hermano mayor —antaño avaro— cambió por completo. Usó su parte para financiar los estudios de sus hijos y visita la tumba de mamá cada mes, como pidiendo perdón. El segundo —siempre impulsivo— fue transformado por la carta. Donó una parte de su dinero a los pobres, «para el descanso de su alma», decía. Yo, por mi parte, guardé mi parte sin tocarla. Creé una pequeña beca de estudios en nuestro pueblo natal, a nombre de mi madre, esa mujer que se había sacrificado en silencio toda su vida.
Epílogo
Esas tres viejas mantas, que mis hermanos juzgaron sin valor, escondían no solo una fortuna… sino sobre todo una lección eterna. Con su último gesto, mamá nos enseñó a resistir la codicia y a valorar los lazos de sangre. Hoy, cuando vuelve el invierno, saco una de esas mantas y envuelvo a mi hijo en ella. Quiero que entienda que la verdadera riqueza de la vida no se mide por el dinero heredado, sino por el amor, la bondad y la unidad. Porque solo amándonos sinceramente somos dignos de llamarnos hijos de nuestra madre.
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
