El heredero secreto tras la millonaria deuda del corazón del magnate

Sofía, aunque aún cautelosa, empezó a ver un cambio genuino en Alex. Ya no era el adicto al trabajo que la había abandonado. Era un hombre en busca de redención, que se inclinaba para atarle los cordones a Daniel, que escuchaba pacientemente sus historias en la guardería e incluso la ayudaba a limpiar la cocina después de cenar.

Un día, después de un mes de visitas constantes, Alex le pidió a Sofía que le permitiera contarle la verdad a Daniel. “No quiero que crezca con una mentira, Sofía. Y no quiero que descubra la verdad por accidente. Quiero ser yo quien se la diga, contigo a mi lado”.

Sofía dudó, pero vio la sinceridad en sus ojos. “De acuerdo, Alex. Pero si le vuelves a hacer daño… no hay vuelta atrás”.

Esa tarde, los tres sentados en el sofá, Alex tomó la mano de Daniel. “Campeón”, empezó con voz temblorosa, “¿recuerdas cuando mamá te dijo que tu papá era astronauta en una misión muy larga?”. Daniel asintió, con los ojos abiertos y expectantes. “Bueno, la verdad es… tu

 

 

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