El marido echó a patadas a su esposa e hijos, pero su amante los persiguió, le dio a la esposa 10.000 dólares y le susurró al oído: «Vuelve en tres días, te espera una sorpresa…»

La respuesta fue firme.

—Cuanto más lejos estuvieras de él, menos valiosa eras como moneda de cambio.

La verdad la golpeó con más fuerza que la ira.

Las lágrimas le llenaron los ojos, no solo de dolor, sino también por el peso abrumador de la comprensión.

—¿Y tú? —preguntó tras un largo silencio—. ¿Quién eres tú en todo esto?

 

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