El Millonario No Quería Bailar con Nadie… Hasta que la Empleada Entró con su Hija

otra más.

Las hijas de políticos, actrices de telenovela, empresarias importantes… todas se iban rechazadas. Algunas molestas. Otras humilladas. Pero ninguna lograba tocarle el corazón.

Porque Don Alejandro ya no creía en el amor.

Veinticinco años atrás… había enterrado a la única mujer que realmente lo había amado… una mujer humilde… que trabajaba en su propia casa.

Desde entonces… nunca volvió a bailar.

Nunca.

Algo que nadie más vio.

Una de las señoras ricas del evento dejó caer su bolso y comenzó a regañar a un mesero, culpándolo injustamente.

La joven se acercó despacio… recogió el bolso… y en lugar de discutir… dijo con una voz suave:

—No fue él, señora… fui yo… discúlpeme.

Mentía.

Y aun así… defendía a otro.

Ese gesto… tan simple… atravesó a Don Alejandro como un cuchillo.

Porque hacía muchos años… alguien hizo exactamente lo mismo por él.

Exactamente.

El corazón le empezó a latir fuerte… demasiado fuerte.

—No puede ser… —susurró.

Y sin pensar…

caminó hacia ella.

Cada paso parecía más pesado que el anterior.

 

 

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