Cuando la gente se prepara para un día tranquilo en la montaña, rara vez imagina que su historia se convertirá en un misterio eterno. Sin embargo, para la familia de Julián Herrera y su hija Clara, de nueve años, una simple caminata por los Pirineos franceses en 2020 se convirtió en el inicio de una búsqueda que aún atrae la atención mundial.
Durante años, su desaparición desconcertó a todos los que siguieron el caso. Lo que comenzó como una breve excursión por un sendero bien señalizado se convirtió poco a poco en silencio. Los equipos de búsqueda rastrearon cada cresta y valle. Helicópteros sobrevolaban los acantilados. Voluntarios caminaron kilómetros por terreno accidentado. Pero nunca apareció rastro del padre ni de la hija, y finalmente la búsqueda oficial llegó a su fin.
Sus seres queridos se aferraban a la esperanza de que quizás la pareja hubiera encontrado refugio en algún lugar oculto, mientras que otros sospechaban que simplemente se habían adentrado en un rincón remoto de las montañas y no podrían regresar.
Pasó el tiempo y los senderos volvieron a su tranquilidad habitual.
Todo cambió a finales de agosto, cinco años después de que Julián y Clara fueran vistos por última vez.
Una pareja de Cataluña, explorando un sendero poco transitado cerca de la espectacular abertura rocosa conocida como la Brecha de Roland, notó algo oculto en una estrecha abertura en la piedra. El hombre iluminó el interior con la luz de su teléfono y captó la tenue silueta de una mochila polvorienta encajada entre las paredes de roca. Su compañero limpió el hollín y leyó el nombre bordado en la tela.
Era de Julián.
El hallazgo provocó una rápida respuesta de las autoridades. Se enviaron fotos a la gendarmería local y, en cuestión de horas, un helicóptero transportó un equipo de rescate de montaña al lugar. El capitán Morel, quien había coordinado las labores de búsqueda anteriores, abrió la mochila con cuidado. Dentro había objetos cotidianos que un excursionista podría llevar: una botella de agua abollada, trozos de comida envasada, un mapa doblado. Pero un objeto despertó fuertes recuerdos de la investigación original: la pequeña libreta azul de Clara.
El descubrimiento reavivó de inmediato el interés público. Los periodistas se congregaron en los caminos cercanos, y la familia esperaba ansiosa, sin saber si la montaña estaba a punto de revelar información reconfortante o ahondar sus preocupaciones.
La grieta en sí misma era un desafío. Angosta, profunda y serpenteando hacia arriba en la piedra, ofrecía pocas pistas a primera vista. Algunos creían que Julián había intentado navegar por el difícil terreno para encontrar refugio, deslizándose accidentalmente en el estrecho espacio.
Pero incluso desde el principio, el capitán Morel notó detalles que no encajaban del todo. La mochila parecía sorprendentemente intacta a pesar de haber pasado años expuesta a las inclemencias del tiempo. Y el mapa en su interior contenía una marca reciente a bolígrafo, un detalle que no aparecía en la versión que las autoridades examinaron en 2020.
Eso sugería que alguien había actualizado el mapa después de que comenzara la desaparición.
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