El secreto de la noche de bodas

Lo siento. Debería habértelo dicho antes.

Mi corazón se aceleró.

“¿Dime qué?”

Respiró profundamente, como quien se dispone a reabrir una vieja herida.

No puedo darte la vida que imaginas. No puedo ofrecerte una luna de miel tradicional. Hoy no. Quizás nunca.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—Steve, ¿qué estás tratando de decir?

Bajó la mirada de nuevo, como si reviviera un dolor que había cargado solo durante demasiado tiempo.

Hace tres años… tuve un accidente. Grave. Muy grave.

Pasé meses en el hospital. Cuando finalmente desperté, los médicos me dijeron que ciertas funciones nunca volverían a ser las mismas.

Me tomó unos segundos entenderlo.

"Te refieres a…?"

Él asintió, avergonzado.

 

Ya no puedo. Físicamente. No de la manera tradicional. Esperaba que... con el tiempo, las cosas mejoraran. Que antes de la boda pudiera darte la vida plena que mereces. Pero no fue así. Y esta noche, en nuestra noche de bodas, no quiero fingir ser alguien que no puedo ser.

Me quedé en silencio.

No porque estuviera enojado.

Pero porque esa confesión conllevaba verdad, dolor y coraje.

Me senté a su lado.

 

 

 

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