El secreto de la noche de bodas

“Steve… ¿por qué no me lo dijiste antes?”

"Porque tenía miedo. Miedo de perderte. Miedo de que me vieras como menos.

Y cuando me di cuenta de que te amaba… ese miedo solo se hizo más fuerte”.

Sus palabras no eran excusas: eran pura vulnerabilidad.

Respiré profundamente y le tomé la mano.

No me casé con nadie. Me casé con un hombre. Me casé contigo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Y allí, en nuestra noche de bodas, que tenía todos los ingredientes para ser un desastre, hicimos algo más íntimo que cualquier caricia:

Nos dijimos la verdad.

Hablamos durante horas.

 

 

 

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