En la cena familiar me arrojaron los papeles del divorcio creyendo que yo era nadie, pero olvidaron que yo era la dueña silenciosa de todo”

—¿Qué haces ahora? —se burló—. ¿Llamar a tu madre? No va a salvarte.

No lo miré. Marqué un número que conocía de memoria. Mi voz fue firme, sin rastro de emoción.
—Hola, señora Valdés. Sí. Proceda. Ejecútelo todo ahora.

El silencio se hizo pesado.

Javier frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?

Levanté la vista por primera vez. Lo miré directamente a los ojos.
—Dime, Javier… ¿sabes quién aprobó tu puesto de director general?

Él soltó una carcajada nerviosa.
—No digas tonterías.

Apoyé el teléfono sobre la mesa con suavidad.
—Lo que digo es que tu cargo existe porque yo lo autoricé.

La sonrisa de Javier se congeló. Beatriz dejó caer la copa, que se hizo añicos en el suelo.

—¿Qué… qué estás diciendo? —balbuceó él.

Me incorporé lentamente.
—Estoy diciendo que la empresa que presumes dirigir… es mía.

Y mientras sus rostros palidecían, una pregunta quedó flotando en el aire:
¿qué más les había ocultado durante todos estos años… y hasta dónde llegaría ahora que el juego había terminado?

El silencio posterior fue absoluto. Nadie se movía. Nadie respiraba con normalidad.

Javier fue el primero en reaccionar, levantándose de golpe.
—Esto es absurdo. ¡Estás delirando!

Beatriz se agarró al borde de la mesa.
—Ana, deja de hacer el ridículo.

Yo no respondí. Simplemente desbloqueé el móvil y abrí un correo electrónico. Lo giré hacia ellos.
—Contrato de adquisición. Fondo de inversión Torres Capital. Participación mayoritaria: 62%.

Javier leyó, línea por línea. Sus manos empezaron a temblar.
—Esto… esto no puede ser.

—Puede —respondí—. Y lo es.

 

 

 

ver continúa en la página siguiente

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.