En mi cumpleaños número setenta, mi esposo anunció que se iba. Nunca imaginé que alguien aplaudiría. Y mucho menos que serían mis propias hijas.

—Papá dijo que no eras realmente nuestra madre —confesó Renata entre lágrimas.

Ahí entendí todo.

No aplaudieron por alegría.
Aplaudieron porque les dieron permiso.

—No las voy a abandonar —les dije—. Pero ahora el respeto es obligatorio.

Hoy camino sola. Pinto. Camino. Ceno en silencio. Y entendí algo tarde, pero a tiempo:

ver continúa en la página siguiente

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.