Encontré a mi hijo durmiendo en su coche en el aeropuerto con sus gemelos. Pensaron que estaba destrozado y solo. Se equivocaron.

La reparación rara vez es dramática. Es cereal comido con cuidado al borde de una cama.
Son documentos judiciales revisados ​​línea por línea.
Son niños que reaprenden que el sueño no tiene por qué ser temporal.

Creyeron que lo habían quebrantado.

Creyeron que el aislamiento lograría lo que la fuerza no pudo.

Se equivocaron.

Porque lo más peligroso que puedes despertar en alguien no es la ira.

Es la determinación.

Ese Honda Civic ya no está.

Vendido. Reemplazado. Olvidado.

Pero aún recuerdo la condensación en las ventanas.

El letrero que me lo decía todo antes de que se dijera una sola palabra.

Recuerdo haber pensado, allí de pie, en el frío:

No.

 

 

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