ENTRE FIERROS Y LÁGRIMAS: EL CAOS TOTAL Los primeros minutos fueron el caos absoluto. Gritos de auxilio ahogados, llantos de niños que no entendían por qué el mundo se había puesto de cabeza, y el silencio… ese silencio terrible de los que ya no podían gritar. La gente de los ranchos cercanos y los automovilistas que lograron frenar se lanzaron a ayudar, convertidos en héroes anónimos. Con las puras manos, jalando láminas cortantes, trataban de sacar a los atrapados. “¡Aguanta, carnal, ya viene la ayuda!”, le gritaba un trailero a un señor prensado entre los asientos.
UN PAÍS DE CONTRASTES QUE INDIGNAY aquí es donde a uno le hierve la sangre de pura rabia, paisanos. Porque mientras la carretera se traga a los inocentes y estos abuelos lloran a moco tendido, el circo de este México surrealista sigue su marcha cínica.Nomás echen un ojo al collage de la realidad que nos rodea (ese mismo que sale en la imagen de la noticia). Mientras unos mueren aplastados, en el internet la vanidad tóxica sigue a todo lo que da: la “buchona” de turno tomándose la selfie en el espejo, más preocupada por el filtro que por la tragedia ajena.Vemos la miseria que nos escupe en la cara: un niño pequeño, un renacuajo que debería estar jugando, cargando un huacal de verduras más pesado que él para poder comer. ¡Eso también es violencia, carajo!Y para rematar la feria de lo absurdo, noticias bizarras que parecen querer distraernos del dolor real: cerdos musculosos que parecen mutantes (¿qué demonios le dan de comer a ese puerco?), radiografías con cadenas enteras en la panza de la gente, policías arrestando a diestra y siniestra. ¡El mundo está de cabeza, raza!La noche cae sobre la vía a Saltillo, pero la oscuridad no tapa el horror. Las grúas levantan los restos del autobús “Rosario Bus” como si fuera el cadáver de una bestia prehistórica. Las familias empiezan el peregrinar más doloroso: el de reconocer a los suyos en la morgue.Ese “Hace pocos minuto se presento un grave accidente…” ya es historia, una cicatriz más en la piel de México. Hoy no hay nada que celebrar. Hoy el tequila se toma derecho y con rabia para pasar el trago amargo.Abracen a los suyos hoy que pueden, valedores. Porque en este país, uno sale de casa pero nunca sabe si la huesuda lo está esperando en la siguiente curva. La “Tristeza Nacional” no es solo un titular de periódico, es nuestro estado civil el día de hoy. ¡Qué Dios nos agarre confesados y le dé pronta resignación a las familias de las víctimas!
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