¿Alguna vez te has puesto zapatos de segunda mano y has notado una pequeña protuberancia amarilla en el dedo del pie? Al principio puede resultar incómodo e incluso preocupante, pero en la mayoría de los casos es inofensivo. Esa protuberancia amarilla suele ser un callo o una dureza: una zona de piel engrosada que se desarrolla cuando el cuerpo intenta protegerse del roce o la presión constantes.
¿Por qué ocurre esto?
Los zapatos usados son una causa común, ya que rara vez se ajustan perfectamente a un nuevo usuario. Con el tiempo, los zapatos se adaptan a la forma del pie del usuario original, creando puntos de presión, costuras o zonas desgastadas que no se alinean con los dedos. Esta falta de coincidencia puede provocar irritación continua, como:
Fricción: El dedo del pie se frota repetidamente contra zonas apretadas, estrechas o rígidas dentro del zapato.
Presión: Los zapatos que aprietan los dedos, especialmente el dedo gordo o el meñique, ejercen una fuerza constante.
Como defensa, la piel se engrosa, formando una zona dura y elevada que a menudo se ve amarilla debido a la acumulación de células cutáneas muertas (queratina). Los callos duros suelen formarse en la parte superior o lateral de los dedos y pueden tener un núcleo central que duele al presionarlos, a menudo comparado con pisar una piedra pequeña.
Otras posibles causas (menos comunes)
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