Un último gesto de amor
A la mañana siguiente, Marie fue al cementerio con su nieto Lucas.
Guardó el anillo y la carta en una pequeña bolsa de terciopelo que colocó cerca de la tumba de Jean.
El día anterior, por un instante, pensó que iba a perder a su marido dos veces: primero por la muerte y segundo por un secreto que no comprendía.
Pero ahora ella sabía la verdad.
Y comprendió que, después de setenta y dos años, tal vez no conociera todos los detalles de Jean… pero conocía lo esencial: un amor fiel para toda la vida.
