La despedida del aeropuerto que escondía una venganza perfecta

 

¿Su "traslado a Toronto"? Una invención total. Una mentira diseñada para destruir mi vida mientras él construía una nueva.

Tres días antes de su vuelo, mientras Alejandro se duchaba, vi su correo electrónico abierto en su portátil. La curiosidad me hizo mirar la pantalla.

No había ningún contrato corporativo de una empresa canadiense. Ninguna oferta de trabajo oficial ni paquete de reubicación.

Descubriendo la Traición
En cambio, encontré la confirmación del contrato de arrendamiento de un departamento de lujo en Polanco, una de las zonas más caras de la Ciudad de México. El departamento estaba a su nombre.

Para él y para su amante, una mujer llamada Valeria.

Y según los correos electrónicos que leí con manos temblorosas, ella estaba embarazada de él.

La brillante estrategia de Alejandro fue devastadoramente simple. Fingía mudarse al extranjero por trabajo para poder vivir abiertamente con Valeria sin que yo interfiriera ni hiciera preguntas.

Durante dos años, podría formar su nueva familia mientras me tranquilizaba con llamadas telefónicas y falsas promesas.

¿Y la parte más cruel de su plan? Su intención era vaciar poco a poco nuestra cuenta conjunta: 650,000 dólares, más de once millones de pesos.

Dinero acumulado con mi herencia y años de mi arduo trabajo. Dinero que planeaba usar para financiar a su nueva "familia" dejándome sin nada.

Tomando el Control
Pensó que era ingenua. Creía que me había tragado por completo su dramática despedida en el aeropuerto y sus promesas entre lágrimas.

Se equivocaba.

Me subí al coche y conduje directo a casa, pensando en cada detalle de lo que debía suceder a continuación. En cuanto crucé la puerta, me dirigí directamente a nuestra oficina en casa.

Abrí mi portátil y con pulso firme inicié sesión en nuestra cuenta bancaria compartida.

Saldo: 650.000,00 USD

Ese era el dinero que planeaba retirar poco a poco una vez que "llegara a Toronto". Dinero que, según me diría, era para el alquiler, los gastos de manutención y para enviar a casa para mantenernos.

Me temblaban las manos al mirar esa cifra. No de miedo, sino de pura furia por su traición.

"¿Quieres empezar de cero, Alejandro?", susurré a la habitación vacía. "Bien. Pero empezarás sin absolutamente nada".

La transferencia
Unos pocos clics precisos en la pantalla. Transferí cada dólar a una cuenta privada en el extranjero a mi nombre, una a la que él jamás podría acceder ni rastrear.

Transferencia exitosa. Saldo restante: $0.00

La cuenta que minutos antes albergaba todo nuestro futuro financiero ahora mostraba cero. Vacía. Igual que las promesas que me había hecho.

Entonces llamé al abogado con el que había consultado discretamente tres días antes.

"Abogado Ramírez", dije con calma. "Se ha ido. Inicie los trámites de divorcio y la unión libre de inmediato".

"Envíe el aviso legal a la dirección de Polanco. No a Toronto".

"Entendido, Sra. Sofía", respondió con profesionalidad. Todo ya estaba preparado y listo para presentar.

La llamada telefónica
Dos horas después, sonó mi teléfono. El nombre de Alejandro apareció en la pantalla.

 

 

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