La falda hecha de recuerdos
Ni una madrastra.
Ni un extraño.
Ni siquiera el tiempo mismo.
Algunas cosas valen la pena proteger.
Algunos recuerdos valen la pena llevar.
Y algunas tormentas se llevan justo lo que ya no pertenece.
Esa noche, el karma llamó a nuestra puerta.
Pero lo que me quedó grabado no fue el sonido de esposas ni de luces intermitentes.
Fue el suave roce de una falda hecha de recuerdos, moviéndose suavemente alrededor de mis piernas, recordándome que el amor, una vez cosido en tu vida, nunca se deshace del todo.
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