La llamada del millonario al 911: el descubrimiento de un padre
Silencio. Entonces, la voz de Eleanor se volvió gélida. “Es una mentirosa. Los niños inventan cosas para llamar la atención”. “Tiene moretones con forma de dedos en los brazos”, añadió Julian. “La agarré para evitar que se cayera. Ya basta. ¿Qué quieres? ¿Llevarte a mi hija?” El agente Grant anotaba cada palabra.
El Dr. Hale regresó: no tenía huesos rotos, pero la infección era grave. Necesitaba quedarse al menos 48 horas. “Deberían haberlo tratado en las primeras 24 horas”, dijo el médico a la policía. Al oír “policía” por teléfono, el tono de Eleanor cambió. “¿Policía? Estás loca. Voy a ir allí y te vas a arrepentir de esto”. Colgó.
Julian pensó que lo peor ya había pasado. Se equivocó. Condujo de vuelta a casa para buscar ropa limpia para Lily. Rebuscando en una mochila escondida en el fondo del armario, encontró dos pasaportes —el de Eleanor y el de Lily— y un itinerario impreso: un viaje de ida a Madrid, con salida a la mañana siguiente. Debajo de los billetes había una nota escrita a mano por Eleanor: «Si dices una palabra, tu padre se va para siempre. Si hablas, te llevo donde no pueda encontrarnos».
Julian se quedó sin aliento. No era solo abuso; era un secuestro planeado.
Le entregó las pruebas al detective Reed en el hospital. «Esto cambia las cosas», dijo Reed con gravedad. «Esto es un intento de secuestro y coacción».
Cuando Eleanor llegó, lucía impecable, como si no estuviera en medio de la escena de un crimen. Exigió ver a su hija y descartó la lesión como un «malentendido». Entonces Reed dejó los billetes de avión sobre la mesa. «Explíqueme esto, Sra. Vance».
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