La pequeña herramienta que libera un torrente de recuerdos de la infancia

Algunos objetos parecen simples a primera vista, pero tienen la capacidad de desvelar capítulos enteros de la memoria que el tiempo ha guardado. Una pequeña y desgastada pieza de metal guardada en un cajón o en una caja vieja puede parecer una herramienta común y corriente, pero para muchos resulta familiar al instante: la llave de un patín. De tamaño modesto y a menudo pasado por alto, este diminuto objeto tiene un peso emocional que va mucho más allá de su apariencia. Evoca momentos en los que los días parecían largos y abiertos, en los que el juego al aire libre llenaba las tardes y en los que la emoción se sentía justo al salir de casa.

Mucho antes de que los patines modernos con ajustes incorporados se popularizaran, los patines se diseñaban con armazones de metal y correas de cuero que requerían un ajuste cuidadoso. Cada par de patines dependía de una llave para asegurar las abrazaderas y ajustar el ajuste. Sin esa llave, los patines no se sujetaban firmemente a los zapatos, y nadie quería arriesgarse a que las ruedas patinaran o las correas se movieran al deslizarse por el pavimento. La llave era lo suficientemente pequeña como para caber en un bolsillo, pero lo suficientemente importante como para guardarla a salvo. Muchos niños llevaban la suya con un cordón alrededor del cuello, y el ligero tintineo metálico indicaba que la hora de jugar podía comenzar en cualquier momento.

 

 

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