Los huevos han sido durante mucho tiempo un elemento básico del desayuno estadounidense. Para muchas personas mayores de 60 años, evocan recuerdos de mañanas sencillas, comidas compartidas y rutinas que iniciaban el día con buen pie. Son asequibles, fáciles de preparar y sacian sin ser pesados. A lo largo de los años, los huevos han sido elogiados, criticados y revalorizados
a medida que la ciencia de la nutrición ha evolucionado.
Hoy en día, la mayoría de los profesionales de la salud coinciden en una cosa: los huevos en sí mismos ya no son el problema que se creía. De hecho, cuando se preparan con cuidado, pueden ser una parte valiosa de un desayuno equilibrado. Lo que a menudo causa confusión e incomodidad no es el huevo, sino cómo se cocina y con qué se combina.
Muchos médicos y expertos en nutrición ahora enfatizan que la forma en que se preparan los huevos puede marcar una diferencia significativa en la respuesta del cuerpo a ellos, especialmente a medida que envejecemos. Comprender esta diferencia puede ayudar a convertir un hábito diario en una opción que favorezca el bienestar a largo plazo.
Por qué los huevos han vuelto a ganarse un lugar en el desayuno
Durante décadas, se culpó a los huevos de los problemas relacionados con el colesterol. A muchas personas se les recomendó evitarlos o limitarlos estrictamente. Con el tiempo, investigaciones más amplias han demostrado que, para la mayoría de las personas, consumir huevos con moderación no representa el riesgo que antes se creía.
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