MADRE DEL MILLONARIO grita “¡No me pegues más!” — El HIJO entra y su furia hiela a su PROMETIDA…
Cuando era niño y tenía miedo de la oscuridad, me decías que cada estrella era un beso que te mandaba mi papá desde el cielo. Y lo siguen siendo, respondió Isabel con una sonrisa serena. Alejandro la abrazó por los hombros, atrayéndola hacia él en un gesto de infinita gratitud y amor. Se inclinó y le susurró al oído la frase que sanaría la última de las cicatrices. Gracias, mamá. Gracias por nunca haberte rendido, por nunca dejar de creer en mí, incluso cuando yo no lo merecía.
Toda esta felicidad, esta paz, este futuro, te lo debo a ti. Isabel cerró los ojos apoyando la cabeza en el hombro de su hijo. Sintió la brisa fresca de la noche en su rostro. Todo el sufrimiento, cada lágrima, cada humillación, todo había valido la pena para llegar a ese momento. La verdadera riqueza no había estado nunca en las paredes de esa mansión, sino en el amor inquebrantable que, como las estrellas, había seguido brillando incluso en la noche más oscura.
Y ahora, por fin podía disfrutar de su luz. A veces la vida tarda, pero siempre devuelve lo que es justo. Doña Isabel perdió todo hasta que entendió que el amor verdadero no se compra ni se impone. Se cultiva como el pan que se amasa con paciencia y fe. Y al final Dios le devolvió en sonrisas lo que otros le quitaron en lágrimas
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