Antes de pronunciar una sola palabra, el color empieza a contar nuestra historia. Los tonos que vestimos, los tonos con los que decoramos e incluso los que evitamos, todos reflejan cómo nos sentimos y qué necesitamos. El color no es solo cuestión de gusto o estilo; es lenguaje emocional. Refleja estados de ánimo, recuerdos y significados que moldean nuestro mundo interior.
Para los lectores mayores que han vivido muchas etapas de la vida, es fascinante darse cuenta de que los colores que nos rodean a menudo cambian con nosotros. Una bufanda rojo intenso, una pared azul tranquilo, una taza amarillo pálido: estas pequeñas elecciones registran sutilmente en qué punto nos encontramos en nuestro viaje emocional.
Cuando el color habla antes que las palabras
Muchos pensamos en el color como algo decorativo, pero en realidad es profundamente expresivo. Un tono favorito suele actuar como un diario de estados de ánimo, reflejando cómo nos sentimos mucho antes de que nos demos cuenta conscientemente. Cada tono tiene una historia. Los colores que adoptamos, y aquellos que evitamos, pueden decirnos más sobre nuestro estado emocional de lo que podríamos esperar.
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