Me desperté con mi esposo susurrándole a su amante en nuestro dormitorio: "Silencio... Ella está durmiendo"
Aquel susurro se convirtió en un plan, claro y frío, en una lluviosa mañana de martes.
Se acercaba nuestro aniversario.
David siempre fingía olvidarlo y luego me sorprendía con algo sin importancia, como un ramo de flores de la tienda de comestibles o una reservación para un restaurante al que yo no podía asistir físicamente. Siempre se trataba más del gesto que del pensamiento.

Un jarrón de flores | Fuente: Midjourney
Pero este año, el gesto fue mío.
Envolví una caja en papel azul marino y la até con una cinta ancha de raso rojo. Metí dentro una carta manuscrita, justo encima de las pruebas condenatorias: todos sus correos electrónicos, extractos bancarios, capturas de pantalla, archivos de audio y una unidad USB con la verdad.
"Al hombre que dijo que yo no hacía nada: Aquí está todo lo que hice mientras no mirabas. Disfruta del regalo.
-Opal".

Una caja azul marino envuelta con una cinta de raso | Fuente: Midjourney
Aquella noche, me senté en el sofá, vestida con una de las batas de seda que David había calificado una vez de "despilfarro de dinero". Me peiné y me maquillé ligeramente. Quería que viera a la mujer que había desechado y supiera que no estaba rota.
Cuando entró, con la corbata aflojada y el teléfono en la mano, apenas me miró.
"Feliz aniversario, David", dije suavemente. "Te traje algo".
"Ah, gracias, Opal", dijo, frunciendo ligeramente el ceño. "¿Qué es?"
