“Me desplomé en el suelo de mármol, rompí aguas después de que mi hermana me empujara, y mientras mi familia gritaba que había “arruinado su honor”,

—Alejandro —susurró Vanessa desde el suelo, con el rostro empapado en sudor.

Él cruzó la sala con pasos firmes, sin apartar la mirada de Charles.
—Baja eso —ordenó, cada palabra cargada de una autoridad que nadie se atrevió a desafiar.

Charles apretó los dientes.
—No me digas lo que debo hacer en mi propia familia.

—Tu familia dejó de existir el día que permitiste que la violencia fuera tu única forma de hablar —replicó Alejandro, y señaló a los agentes—. Deténganlo por intento de agresión y puesta en riesgo de la integridad física de una mujer embarazada.

Un murmullo de sorpresa estalló en el salón. Jessica se adelantó como una flecha.
—¡No puedes hacer eso! ¡No tienes ningún derecho! ¡Esta boda es mía!

Alejandro se giró hacia ella, con una calma que resultaba más intimidante que un grito.
—Tienes razón. Esta boda es tuya. Y aun así lograste convertirla en una escena de crueldad que alguien grabará y difundirá antes de que acabe la noche.

Jessica empalideció. Varias personas ya habían sacado sus teléfonos.

Mientras los agentes sujetaban a Charles, el notario dio un paso al frente.
—Señor Carter, vengo a notificarle formalmente que su hija Vanessa es ahora la única heredera legal de la empresa familiar Carter Importaciones —anunció—. Su intento de agresión invalida los documentos anteriores y activa la cláusula de protección de la sucesora.

Un grito sofocado de sorpresa atravesó la sala.

Jessica se llevó las manos a la boca.
—¿¡Qué estás diciendo!? ¡Eso no es posible! ¡Esa empresa será mía!

—No —replicó el notario—. Nunca lo fue.

Vanessa, desde el suelo, parpadeó incrédula.
—Yo… ¿heredera?

Alejandro se arrodilló a su lado.
—Sí, amor. Y por eso intenté mantenerte lejos de esta gente. Sabía que tarde o temprano, algo así ocurriría.

Jessica, fuera de sí, se lanzó hacia ellos.
—¡Ella no merece nada! ¡Es una inútil! ¡Una carga! ¡Una—

—¡Basta! —tronó Alejandro.

Y por primera vez, Jessica se detuvo.

—Esta noche —continuó él—, todos verán quién ha sido realmente Vanessa durante años: una mujer que ha sobrevivido a abusos disfrazados de “familia”.

Los agentes arrastraron a Charles fuera del salón mientras Jessica gritaba insultos incoherentes.

Alejandro levantó a Vanessa en brazos.
—Te llevaré al hospital ahora mismo.

 

 

 

 

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