Me despreciaron por criar sola a mi hijo, pero el día que se graduó como médico, la verdad sobre su padre me dejó en shock.
—Estás mintiendo.
—No ganaría nada con mentirte ahora.
Ella retrocedió un paso, como si el suelo se volviera inestable.
—Yo… yo solo estaba contigo en ese tiempo.
Morales tragó saliva.
—Eso pensé hasta que revisé los archivos del hospital. Y encontré algo peor.
Lucía sintió un escalofrío.
—¿Peor?
El médico dudó antes de continuar.
—Ese año hubo un escándalo interno. Nunca salió a la prensa. Se perdió documentación de maternidad… bebés cambiados accidentalmente durante un apagón eléctrico en el área neonatal.
Lucía sintió que el corazón se le detenía.
Recordó aquella noche.
El parto complicado. El apagón. El caos. Las enfermeras corriendo. Ella perdiendo el conocimiento.
—No… —susurró.
Morales la miró con pesar.
—Existe la posibilidad de que Daniel no sea biológicamente tu hijo.
El aire le faltó.
—¡Eso es mentira!
—Lucía, escucha. Nadie lo investigó a fondo porque el hospital pagó para que todo quedara en silencio. Pero ahora, revisando registros, encontré inconsistencias en tu expediente y en el de otro nacimiento ocurrido esa misma madrugada.
Ella apoyó una mano en la pared para no caer.
—Estás diciendo… que el hijo que crié… ¿no es mío?
—No estoy afirmándolo al cien por ciento. Pero las probabilidades existen. Y hay algo más.
Lucía lo miró con los ojos llenos de miedo.
—¿Qué más puede haber?
Morales habló en voz baja.
—El otro bebé… pertenecía a una familia poderosa. El padre biológico… es dueño de parte del hospital.
Un frío recorrió su espalda.
—¿Por qué me dices esto ahora?
—Porque hace dos semanas solicitaron acceso al archivo. Alguien más está investigando. Y si descubren el error, podrían reclamar a Daniel legalmente.
El mundo se volvió irreal.
—¿Quitarme a mi hijo?
—No lo sé. Pero podrían intentarlo.
Lucía sintió náuseas.
Veinticinco años de sacrificios, de noches sin dormir, de hambre, de luchas… ¿y ahora alguien podría aparecer diciendo que era su verdadero hijo?
—No voy a permitirlo.
Morales la miró fijamente.
—Por eso necesitaba hablar contigo antes de que esto explote. Daniel merece saber la verdad… y tú también.
Lucía respiraba con dificultad.
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