Me despreciaron por criar sola a mi hijo, pero el día que se graduó como médico, la verdad sobre su padre me dejó en shock.
Daniel continuó:
—La sangre no cría a nadie. Ella sí.
Lucía sintió lágrimas calientes caer por su rostro.
Morales observaba en silencio.
El empresario suspiró.
—No quiero quitarte nada. Solo… conocer la verdad.
Daniel negó suavemente.
—La verdad es que soy hijo de quien estuvo conmigo cuando nadie más estaba.
El hombre guardó silencio unos segundos… y luego asintió.
—Entiendo.
Se dio media vuelta y se marchó con su equipo legal.
Lucía quedó temblando.
Daniel la abrazó.
—Mamá… pase lo que pase, tú eres mi madre. Siempre.
Ella lo abrazó con fuerza, sintiendo cómo el miedo se rompía en mil pedazos.
Pero mientras se aferraba a su hijo, notó algo.
Morales estaba pálido.
Sudando.
Y de pronto se desplomó en el suelo.
Daniel reaccionó por instinto médico.
—¡Traigan una camilla!
Mientras lo atendían, Daniel revisó rápidamente sus signos.
Y entonces murmuró, sorprendido:
Levantó la vista hacia su madre.
—Si no entra a cirugía ahora, va a morir.
Lucía miró al hombre que había marcado su pasado.
Y por primera vez en veinticinco años, sintió compasión.
Daniel apretó los dientes.
—Será mi primera cirugía como médico… y voy a salvarle la vida.
Y mientras corrían hacia el quirófano, Lucía comprendió algo inesperado:
El hombre que la había abandonado… ahora dependía del hijo que nunca ayudó a criar.
Y la noche apenas estaba comenzando.
Las luces del quirófano permanecieron encendidas durante horas.
Lucía caminaba de un lado a otro del pasillo, incapaz de sentarse. Todavía sentía el impacto de todo lo ocurrido: el pasado revelado, la aparición del supuesto padre biológico, el hospital, las mentiras… y ahora Daniel, su hijo, estaba del otro lado de esas puertas, enfrentando su primera cirugía real bajo una presión imposible.
Cada segundo parecía eterno.
Finalmente, la puerta se abrió.
Daniel salió primero, con el uniforme manchado y el rostro agotado. Sus ojos buscaron a su madre de inmediato.
Lucía corrió hacia él.
-Este…?
Daniel soltó el aire lentamente.
—Vivirá.
Ella lo abrazó con fuerza, temblando.
—Lo lograste.
Daniel apoyó la frente en su hombro, todavía procesando todo.
—No lo hice solo… pero… fue extraño, mamá. Operar al hombre que… bueno…
No terminó la frase.
Lucía entendió.
—Hiciste lo correcto.
Horas después, el doctor Morales despertó en cuidados intensivos. Pidió verla.
Lucía dudó, pero entró.
El hombre parecía frágil, lejos de la figura segura que había conocido décadas atrás.
—Tu hijo… me salvó la vida —dijo con voz débil.
Lucía respondió con serenidad:
—Es un buen médico. Y un buen hombre.
Morales cerró los ojos un momento.
—No merezco perdón… pero gracias por no impedir que me ayudara.
Lucía lo miró sin rencor.
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
