Me llamaron ‘la viuda loca’ por levantar un muro… hasta que el cielo se volvió negro y el miedo se apoderó de todos
Lo abrimos. Agua cristalina, helada, suficiente para salvar el valle.
—No es mía —dije al pueblo—. Es de la sierra. Usadla con respeto.
Salvamos cosechas y ganado. San Isidro renació.
A los ochenta y dos, ya no me levantaba. Lucía me cogió la mano.
—El muro no es para separar —le dije—. Es un abrazo de piedra. Sé piedra para proteger, agua para amar. Y siempre abre la puerta a quien tenga frío.
Me fui con una sonrisa, sabiendo que Guillermo y Carlos me esperaban.
Hoy, el Centro de Investigación Climática Torres sigue en pie. Lucía dirige. Cuando llega otra tormenta, abren las puertas del muro y dicen:
—Aquí dentro estamos seguros.
Porque el legado de Margarita no fue la piedra sola. Fue la fe en quien amamos, la voluntad de construir cuando todos dudan, y la certeza de que la tormenta siempre pasa… y el sol vuelve a salir.
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