Me rasgaron el vestido y me llamaron ladrona…

En ese instante entendí algo que me rompió por dentro: estaba completamente sola.
Los guardias de seguridad me arrastraron hacia la salida. El aire frío de la noche me golpeó la piel. La humillación pesaba más que el miedo. Sentía que todo lo que había construido se derrumbaba frente a mí.
Entonces, una voz firme cortó el caos.
—Suéltenla. Ahora.
Un hombre alto, de traje impecable, avanzó con paso seguro. Su presencia impuso silencio inmediato. Los guardias dudaron. Doña Beatriz palideció sin reconocerlo. Él preguntó con calma quién creían que era yo.
Beatriz balbuceó.
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
