“Se mudan”, dijo Larry, con el tono informal que usaría quien anuncia la entrega de muebles. “Mamá y Kelly. Tiempo completo”.
Sentí como si me hubieran quitado todo el oxígeno del pecho.
Me quedé mirándolo, segura de haberlo malinterpretado.
Estábamos en la sala de estar de la casa que acababa de comprar; la casa que había pasado meses investigando, la casa que se suponía representaría un nuevo comienzo después de años asfixiándome bajo la tiranía de su madre.
“¿Qué?”, susurré.
Olivia ladeó la cabeza, adoptando esa dulzura artificial que había perfeccionado con los años. “No podemos dejar que la familia sufra sola, cariño. No querrás ser egoísta, ¿verdad?”
Egoísta.
La misma acusación que me lanzaba cada vez que le pedía límites, cada vez que le suplicaba a Larry que priorizara nuestro matrimonio en lugar de rendirse a su dominio.
Larry se acercó, bajando la voz hasta que pareció menos una conversación y más una advertencia dirigida solo a mí.
"Si no te gusta", dijo en voz baja, "nos divorciamos".
Entonces llegó la frase que debería haberme aterrorizado, pero no lo hizo.
"Perderás la casa".
La sonrisa de Olivia se agudizó hasta convertirse en una depredadora, sus ojos brillaban de triunfo.
Miré a ambos, con el pulso latiéndome tan fuerte que podía oírlo en mis oídos.
Los recuerdos me inundaron de golpe: cómo la voz chillona de Olivia me atravesaba cada mañana como una alarma que no podía silenciar, cómo Larry siempre afirmaba ser "neutral" mientras veía a su madre destruirme pieza a pieza, cómo mi propia vida poco a poco dejó de sentirse como si me perteneciera.
Y ahora querían arrastrar esa miseria al único lugar que había comprado para escapar de ella.
"No", dije en voz baja, pero la palabra tenía peso. “No quiero vivir contigo, Olivia.”
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
