Mi hijo me llevó a la boda en Uber… y llevó a su suegra en mi coche, así que hice algo loco…
Lo que me preocupa, continuó, es que usted debe estar preparada para las consecuencias emocionales y familiares de estas decisiones. Su hijo va a estar muy molesto cuando se entere. probablemente va a tratar de hacerla sentir culpable. Tal vez van a decir que usted está exagerando o que se está comportando de manera irracional. Sus palabras me tranquilizaron porque confirmaban que lo que estaba haciendo no era una locura temporal, sino una decisión racional y justificada. Licenciada, durante 40 años yo he vivido preocupándome por los sentimientos de mi hijo.
He sacrificado mi comodidad, mi dinero, mis oportunidades, todo para que él estuviera feliz. Y en la boda, el día más importante de su vida, él no se preocupó ni un segundo por mis sentimientos. ¿Por qué tengo que seguir siendo yo la única que se sacrifica? La licenciada asintió con comprensión. Tiene toda la razón, doña Teresa. Solo quiero que esté preparada para lo que viene. Salí de la oficina de la licenciada sintiéndome más segura que nunca. No estaba loca, no estaba siendo irracional, no estaba exagerando, estaba simplemente defendiendo mi dignidad.
Después de años de darla por sentado, caminé por el centro de Guadalajara, observando a la gente ir y venir con sus propias preocupaciones y sus propias vidas. Me detuve frente a una agencia de viajes que tenía fotografías de playas hermosas en el escaparate. Por primera vez en mi vida me permití imaginar qué se sentiría estar en un lugar así, sin tener que preocuparme por nadie más que por mí misma. Entré a la agencia más por curiosidad que por intención real de comprar algo.
La chica del mostrador, una joven amable de unos 25 años, me recibió con una sonrisa. Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarla? Solo estaba viendo. Le dije tímidamente. ¿Hay algún destino en particular que le interese? Me señaló las fotos del escaparate. Tenemos muy buenas promociones para Puerto Vallarta y Mazatlán. Son destinos perfectos para personas de para gente que quiere relajarse y disfrutar. Me gustó que no dijera personas de su edad, aunque era obvio que eso había estado a punto de decir.
¿Cuánto costaría algo así? le pregunté, sorprendiéndome a mí misma por hacer una pregunta tan concreta. Bueno, depende de la temporada y el tipo de hotel, pero tenemos paquetes desde 3,000 pes por 3 días y dos noches, incluyendo transporte y hospedaje. 3,000 pesos era exactamente lo que yo gastaba en un mes comprando la comida especial que le gustaba a Alejandro cuando venía los domingos. ¿Puedo quedarme con algunos folletos?, le pregunté. Por supuesto. Y si gusta, déjeme sus datos y le puedo avisar cuando tengamos promociones especiales.
Le di mi nombre y teléfono, sintiendo como si estuviera haciendo algo prohibido pero emocionante. Salí de la agencia con una bolsa llena de folletos coloridos, llenos de promesas de libertad y aventura. Esa tarde, sentada en mi cocina con una taza de té y los folletos extendidos sobre la mesa, hice algo que no había hecho en años. Planear algo solo para mí. No era solo sobre el viaje, era sobre la idea de que mi tiempo, mi dinero y mis decisiones me pertenecían, que podía levantarme un día y decidir ir a ver el mar sin pedirle permiso a nadie, sin tener que justificar el gasto, sin tener que preocuparme por si alguien más me iba a necesitar.
Por la noche llamé a mi hermana Consuelo para contarle lo que había hecho durante el día. Ella se quedó callada cuando le expliqué sobre el contrato del salón, las transferencias canceladas, la visita a la abogada Teresa me dijo finalmente, estoy orgullosa de ti. No sabes cuánto tiempo he estado esperando a que tomaras una decisión así. Sus palabras me llenaron de una calidez que no había sentido en mucho tiempo. ¿Crees que estoy haciendo lo correcto? Le pregunté porque una parte de mí todavía necesitaba la validación.
Teresa, yo creo que deberías haber hecho esto hace años. Alejandro es un hombre adulto, con trabajo, con esposa. Es tiempo de que aprenda a vivir sin el subsidio emocional y económico de su mamá. Y es tiempo de que tú aprendas a vivir para ti misma. Esa noche me dormí más tranquila de lo que había estado en meses. El martes por la mañana desperté con energía renovada. Tenía más trabajo que hacer. Revisé todos mis gastos mensuales y me di cuenta de algo sorprendente.
Sin las transferencias a Alejandro y sin los gastos extras que hacía para sus visitas dominicales, mi pensión me alcanzaba mucho mejor de lo que pensaba. Tenía incluso un pequeño margen para ahorros o para darme algunos gustos que llevaba años negándome. Fui al supermercado y por primera vez en años compré solo lo que a mí me gustaba comer. Elegí fruta cara pero rica. Compré un pescado bueno para la cena. Me permití comprar ese yogurt griego que siempre veía, pero que nunca compraba porque era más caro que el normal.
En la sección de revistas compré una revista de viajes que tenía un artículo sobre mujeres que empezaban aventuras nuevas después de los 60. Cada compra pequeña se sentía como un acto de rebeldía silenciosa. Esa tarde reorganicé mi departamento. Guardé todas las fotos de Alejandro en una caja. No porque quisiera borrarlo de mi vida, sino porque necesitaba espacio visual para empezar a imaginar quién era Teresa sin ser definida únicamente como la mamá de Alejandro. Moví los muebles para crear un rincón de lectura junto a la ventana.
Saqué libros que había comprado años atrás, pero que nunca había tenido tiempo de leer, porque siempre había algo más urgente relacionado con las necesidades de mi hijo. El miércoles recibí la primera llamada de don Fernando. Doña Teresa, he estado tratando de contactar a su hijo, pero no me contesta. ¿Podría darme un número alterno o decirme cuándo regresa de su luna de miel? Le expliqué que regresarían el domingo siguiente y le di el número del trabajo de Alejandro.
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