Mi hijo me quitaba mi pensión cada mes y yo me quedaba sin medicinas… hasta que descubrí la verdad y lo esperé con un abogado.

Tenía los ojos rojos.

—Le pedía dinero prestado a mi mamá.

—¿Prestado? —la voz de Viviana subió de tono—. Rodrigo… el taller genera más de 200,000 pesos al mes de ganancia… ¿para qué necesitas pedirle dinero prestado a tu mamá?

Esa fue la pregunta que destrozó todo.

Porque hasta ese momento… incluso yo había querido creer que tal vez era necesario… que tal vez realmente había emergencias.

Pero si el taller generaba tanto dinero…

—Dímelo —insistió Viviana—. Dime… ¿para qué usabas el dinero de tu mamá?

El silencio se extendió.

Rodrigo abrió la boca varias veces… pero no salió ninguna palabra.

Finalmente… con una voz tan baja que casi no la escuchamos… dijo:

—Para otras cosas.

—¿Qué cosas?

—La camioneta… los restaurantes… la ropa de los niños… el viaje que hicimos a la playa en marzo…

Cada palabra era como una bofetada.

Viviana dio un paso atrás… llevándose una mano a la boca.

—Dios mío… todo este tiempo… todas esas cosas que yo pensé que eran porque el negocio iba bien…

—El negocio va bien —insistió Rodrigo—. Pero yo quería… quería que tuviéramos más… que no nos faltara nada… que los niños tuvieran lo mejor.

—¿A costa de tu mamá? —gritó Viviana—. ¿A costa de dejarla sin medicinas?

—Rodrigo… ¿en qué estabas pensando?

—No lo sé —Rodrigo también gritó poniéndose de pie—. No lo sé… está bien… empezó como algo pequeño… y luego… luego ya no pude parar… era fácil… ella nunca me decía que no… yo pensé que ella estaba bien… que con su pensión podía…

—Yo no estaba bien —dije.

Y mi voz cortó el aire como un cuchillo.

No he estado bien en meses, pero cada vez que intentaba decirte algo, me hacías sentir culpable.
Me decías que papá estaría decepcionado, que la familia se ayuda sin condiciones.

Mamá, yo, ¿sabes cuántos días tuve que elegir entre comer o tomar mis pastillas?
¿Sabes cuántas noches pensé que no iba a despertar a la mañana siguiente?

Viviana se dejó caer en una silla llorando.

Rodrigo se quedó de pie paralizado.

El licenciado Méndez esperó a que todos nos calmáramos un poco antes de hablar.

Creo que ahora todos tenemos más claro qué es lo que ha estado pasando.
Señor Rodrigo, su madre no quiere demandarle ni crear un problema legal mayor.
Lo que ella necesita y lo que es justo es que usted le devuelva el dinero que le ha tomado estos meses.

Sí, sí, por supuesto. Se lo voy a devolver.

He preparado un contrato simple.

El licenciado sacó varios papeles.

Usted se compromete a devolverle a su madre la suma total de 150,000 pesos en cuotas mensuales de 12,500 pesos durante 1 años.
Son cuotas razonables, considerando los ingresos de su negocio.

Rodrigo tomó los papeles con manos temblorosas, los leyó rápido, casi sin ver realmente.

Está bien, firmo, lo que sea, hay una condición más, dije.

Mi voz sonaba extraña, incluso para mí, firme, segura.

No quiero verte hasta que hayas pagado al menos la mitad.

 

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