Y así fue.
Una semana después, di a luz a dos niñas sanas con los ojos verdes de Ethan. Las llamé Lily y Grace.
Ahora, cada noche, mientras duermen a mi lado, siento la presencia de mi padre: en las paredes de esta casa, en la brisa que entra por las ventanas, en el amor que aún nos rodea.
No solo me dejó propiedades. Me dejó fuerza, seguridad y el valor para mantenerme firme.
¿Veronica? No es más que un amargo recuerdo.
Mi padre me dio más que una casa. Me dio el capítulo final de una historia dolorosa… y la primera página de una nueva.
