Mi marido se casó en secreto con su amante. Vendí a escondidas la casa de 12 millones de euros y él gritó...

Antes de empacar, abrió Instagram. Solo un vistazo sin sentido. La actualización de una vieja amiga. Un anuncio. Vídeos de recetas.

Entonces...
Se detuvo tan de repente que el pulgar se le quedó congelado a mitad de la lectura.

Una publicación de su suegra, la señora Moreno.

Al principio, el cerebro de Sofía se negó a procesarlo.

Era una foto de boda.

Allí estaba Javier, su esposo, impecable con un esmoquin color marfil.
Y junto a él, sonriendo como si hubiera ganado un premio, estaba Laura Sánchez, una empleada junior de otro departamento… vestida con un vestido de novia blanco y con mucho maquillaje.

Sostenían lo que parecía un libro de votos.

¿Y la gente que los rodeaba?

Toda su familia.
La Sra. Moreno agarraba con orgullo el brazo de Javier. Su hermana. Sus tías y tíos. Todos posaban frente a adornos florales como si este fuera el día más feliz de sus vidas.

Las manos de Sofía empezaron a temblar.

Esto tiene que ser viejo.
Esto tiene que ser una broma.
Esto no puede ser real.

Entonces vio el pie de foto.

Corto. Limpio. Despiadado.

“Mi querido hijo, que seas feliz para siempre con nuestra Laura. Por fin has dado el paso.”

Sofía se quedó helada.

Por fin.
Esa palabra no fue casualidad. Significaba que no había sido impulsivo. No había sido un error. Era un plan que había estado esperando su momento.

Amplió la imagen.

Sin duda. Era Javier.
El mismo hombre que la había llevado al aeropuerto tres días antes.
El mismo hombre al que le había escrito esa mañana, sin leerlo.
Y en esa foto… sonreía. Una sonrisa de verdad. De esas que no le había visto en mucho tiempo.

Entonces miró los comentarios.

 

 

 

ver continúa en la página siguiente