Mi padre reapareció después de 20 años el día antes de mi boda para advertirme: “tu suegra te está tendiendo una trampa mortal

—Dos millones de pesos. La constructora está quebrada. Beatriz lo sabe. Si Diego se hunde, ella también. Te iban a sacrificar para salvar el apellido.

—¿Diego sabía?

—No aparece en la logística del coche. Quiero creer que no. Pero es su hijo.

Llamé a Diego con las manos temblando.

—Sé lo de la camioneta. Sé lo de la abogada. Sé lo de las deudas.

Del otro lado, silencio. Un silencio que decía más que cualquier confesión.

—Estoy en “Las Encinas”, salida doce. Ven solo.

Llegó pálido, casi corriendo.

—No sabía nada de la abogada —juró—. Mi mamá dijo que tenía un plan con inversionistas. Nunca imaginé que te involucraría.

Pero no negó las deudas. Y ese silencio lo condenó.

Roberto habló despacio, como quien dicta sentencia.

—Tu madre lo planeó todo. Carmen iba a perderlo todo para salvarlos… a costa de ella.

Diego se vino abajo.

—Lo siento. Pensé arreglarlo después de la boda. Creí que podría solucionarlo.

Decidimos ir al salón. Destapar la verdad frente a todos.

Cuando entramos, el murmullo murió. Beatriz, en la mesa principal, se quedó helada al ver a Roberto detrás de nosotros.

Diego no dudó.

—Tenemos que hablar. Ahora.

En el salón de té, Beatriz atacó primero.

—¿Qué significa este circo?

Diego puso sobre la mesa la orden de traslado y reprodujo la grabación. La voz de Beatriz, clara, dando instrucciones para alargar el recorrido y forzar la firma.

Beatriz palideció.

—Es ilegal grabarme.

—Es intento de fraude —respondió Roberto—. Y tengo al chofer dispuesto a declarar.

Diego miró a su madre con un desprecio que nunca le había visto.

—Intentaste sacrificar a mi esposa para salvar tu imagen. Se acabó. Estás fuera de la empresa. Fuera de mi vida.

Beatriz intentó negociar. Diego no cedió.

—Retiras la demanda civil o mañana presentamos la denuncia penal.

Firmó. Se fue derrotada.

El banquete continuó. Nadie supo la verdad completa. Solo que Beatriz “se sintió mal”.

Días después, Silvia Campos —ya ex abogada de Beatriz— nos mostró los documentos reales: deuda solidaria, poder irrevocable, hipoteca sobre mis bienes.

—Pensaba hipotecar tu departamento y vender la casa del bosque.

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