Mi padre reapareció después de 20 años el día antes de mi boda para advertirme: “tu suegra te está tendiendo una trampa mortal
Diego se negó rotundamente a tocar lo que era mío.
Silvia propuso una salida: vender un edificio a medio construir de la empresa. Valía cuatro millones en planos; en ese momento, dos punto ocho. Un grupo alemán estaba interesado.
Aceptamos. Comisión del tres por ciento para Silvia.
Pero Beatriz contraatacó con una demanda civil para bloquear la venta.
Teníamos cuatro días antes de que el banco ejecutara los dos millones.
Roberto sugirió ir con todo: denuncia penal por fraude y prejudicialidad para levantar el bloqueo.
Diego aceptó. Guerra total.
Citando a Beatriz, le mostramos la denuncia lista.
—Tienes dos opciones —dijo Roberto—: retiras la demanda y cedes tus participaciones… o mañana presento esto y tu vida social y empresarial se acaba.
Firmó. La venta se cerró. Pagamos al banco. Quedamos libres.
Seis meses después quedé embarazada. Leo nació prematuro por el estrés.
Beatriz apareció en el hospital de madrugada, fingiendo ser la abuela amorosa. Amenazó con servicios sociales.
Roberto intervino. Le mostró una foto.
—¿Conoces a Igor? —le dijo—. El ruso al que le debes dinero. Ya sabe dónde estás.
Beatriz huyó aterrada.
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