Mi suegra organizó una cena en un restaurante de lujo, pero cuando llegué no había ningún asiento reservado para mí.

Me miró de arriba abajo con esa sonrisita familiar y dijo: «Quizás un sitio barato te convenga más».

Ni me inmuté.

El comedor detrás de ella era todo cristal y luz tenue, el típico local del centro de Manhattan que hacía que la gente bajara la voz sin que nadie se lo pidiera. Manteles blancos, copas de cristal, el murmullo de las conversaciones de ejecutivos y parejas que habían reservado con semanas de antelación. A través de los ventanales, la ciudad brillaba al anochecer, con taxis amarillos pasando lentamente como luciérnagas por la avenida.

Me quedé allí, en el mostrador, con mi sencillo vestido negro y los tacones que había comprado en rebajas, sintiendo cada mirada que me recorría y luego se apartaba. Casi podía oír el veredicto formándose en sus cabezas: drama.

En lugar de encogerme, me eché a reír.

Ni una risa histérica, ni una risa rota.

Una risa limpia y aguda que atravesó la tensión.

Entonces me volví hacia el personal y dije, con calma y claridad: "¿Les importaría pedirle al dueño que salga, por favor?".

Nadie en aquella mesa de mantel blanco reluciente esperaba la verdad.

Lo cierto era que el dueño de aquel lugar era un viejo amigo y mentor mío, un hombre que sabía exactamente quién era yo y lo que había construido mucho antes de casarme con un miembro de la familia Sinclair.

El maître apenas me miró al principio. Su etiqueta decía ETHAN en pulcras letras plateadas. Golpeó la tableta que tenía delante y luego negó con la cabeza.

"Lo siento, señora, pero no hay ninguna reserva a su nombre".

Parpadeé, desconcertada por un momento. "Eso es imposible. Me invitaron a cenar con la familia de mi marido. Ya deberían estar aquí".

Me dedicó una sonrisa educada pero firme, de esas que los empleados de servicio usan como armadura. Acabo de comprobarlo. Hay una reserva para seis a nombre de Morgan Sinclair, pero me temo que…

Una voz aguda y familiar interrumpió la conversación.

"¡Ay, Claire!".

La voz de Morgan resonó, destilando diversión.

 

 

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